09/05/2026
Dar es mejor que recibir.
Y cuando damos con un corazón genuino, pero también lo hacemos de manera correcta y responsable, podemos experimentar la bendición de ayudar a otros y, al mismo tiempo, aprovechar los beneficios tributarios que la ley permite.
Porque la generosidad nace del corazón, pero la buena administración también es parte de la sabiduría.
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”
— 2 Corintios 9:7
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