05/06/2026
Quienes hoy apoyan o justifican la violencia deberían preguntarse si estarían dispuestos a verla tocar la puerta de su propia casa. Es muy fácil aplaudir el caos cuando las víctimas son otros, pero la historia demuestra que la violencia nunca distingue ideologías, clases sociales ni apellidos.
Se puede discrepar, criticar e incluso sentir indignación frente a muchas situaciones, pero cuando una sociedad normaliza la violencia, termina condenando a sus hijos y nietos a vivir las consecuencias de esa irresponsabilidad colectiva.
Ojalá las futuras generaciones no tengan que pagar el precio de las decisiones equivocadas de quienes hoy siembran odio, división y confrontación. Porque mientras algunos celebran el conflicto, son los ciudadanos comunes quienes terminan enterrando a sus mu***os, reconstruyendo sus vidas y cargando con las heridas que dejan décadas de violencia.
La paz no se construye justificando al agresor ni celebrando el daño. Se construye entendiendo que ninguna causa vale más que la vida, la tranquilidad y el futuro de nuestros hijos.
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