26/06/2023
Parece que todas las relaciones tienden al equilibrio. No hay entrega o sacrificio por el otro, que no se espere de ello una compensación.
Encontrar amor incondicional, suena a delirio. Pero es en nuestros hijos donde yace lo sublime. A ellos no les importa nuestra imagen, nuestros logros, defectos o virtudes... ¡ellos nos aman!
Somos nosotros los que ingenuamente ponemos condiciones a su amor: cuando les recompensamos por sonreír, por portarse bien o por festejarles ser quienes nosotros no pudimos.
Si amásemos un poco más a nuestros hijos sin lauros, tendríamos un mundo de adultos libres para amarse unos a otros incondicionalmente.
César Sánchez Manríquez