25/09/2026
Esta cita del latín, se atribuye a un discurso de Cayo Tito ante el Senado romano en el año 107 a.C. quien la expresó para resaltar la fugacidad de las palabras, enfatizando con ella, la importancia de dejar constancia escrita de los acuerdos y promesas. Textualmente dice: “Las palabras vuelan, lo escrito queda.”
La sentencia se mantuvo en uso, tanto en textos legales y eclesiásticos, como cultos durante toda la Edad Media y el Renacimiento. Con el tiempo, su traducción y adaptación a la lengua vernácula, (castellano) se popularizó a través de la literatura, el derecho y el uso cotidiano, transformándose en un refrán tan propio de los hispanoparlantes.
En su uso, sigue teniendo acomodos idiomáticos que van desde la frase “Lo escrito, escrito está”, “Las palabras se las lleva el viento”, hasta la concisa “Papelito habla”. En todo caso, sirve para advertir, en ámbitos administrativos y burocráticos, la conveniencia de dejar algún registro escrito, con el que luego se pueda evidenciar algo acordado verbalmente.